Es de fundamental importancia ver detrás de la hostilidad, apatía, terquedad, emotividad, una gran inseguridad y una ardiente búsqueda.

Empatiza: habrá situaciones en las que un pequeño imprevisto se convierta en un drama de dimensiones insondable. No le digas que es una tontería y ofrécete como ayuda.

No interrogues: hay veces que no le apetece hablar, déjalo estar y busca un momento en el que se encuentre más animado. Dale su espacio.

No juzgues a la ligera: no le gusta que le etiquetes.

No siempre tienes que decirle no a sus propuestas. “Veamos una alternativa… ¿ qué ideas tienes?”.

Escucha activamente: déjale hablar primero, no le interrumpas y no uses frases como «Yo nunca hubiera hecho eso a tu edad»(estarías diciendo: «Yo era mejor que tú»), deja de hacer lo que estés haciendo y siéntete muy afortunado.

Conéctate con lo que le gusta. Todos los adolescentes tienen sus aficiones: música favorita, cantantes, películas, youtubers, deportes, videojuegos, etc. Muéstrate interesado en los temas que le apasionan, verás cómo se entusiasma y se abre una nueva puerta hacia la comunicación.

Administra los consejos. No siempre que nuestro hijo/a nos cuenta algo, es porque está esperando nuestra experta y sabia opinión, en ocasiones sólo quiere compartirlo.

Cuida tus reacciones. En aquellos casos en que la información te cause un «ataque de pánico“: transmite tranquilidad.

No hables mal de sus amigos. Puedes tener tus propios juicios sobre sus amigos, sin embargo, cuida mucho cómo te expresas sobre ellos. Si haces juicios negativos a la ligera, puedes hacer que tu hijo se cierre y prefiera mantenerte lejos de su vida social originando una brecha en la comunicación. 

Darle ejemplo de amor gestual, comprenderá qué bien sienta, y poco a poco devolverá abrazos y se abrirá el canal de comunicación afectiva.

La familia crece diariamente entorno a una mesa: procurad sentaros con vuestros hijos a desayunar, comer o cenar sin tele ni móviles ni acaparando la conversación. Procurad estar un rato con ellos también en un rato de descanso, aunque no habléis.

Sorpréndele de vez en cuando y aprovecha para conversar y acercarte: invítale a comer, tomar un helado o ver un partido, ir de compras.

Agradécele. Cuando sea posible dile, en pocas palabras y sin ponerte muy emocional, que aprecias mucho que te hable de sus cosas.

No tener miedo (formarnos): hay que tener en cuenta que en todas las familias hay momentos en los que es necesario abordar temas delicados, como los relacionados con la sexualidad o el consumo de alcohol o drogas,… Evitar estos temas o negarlos facilita que los adolescentes busquen esa información en otras personas o en fuentes no fiables o falsas.

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